¿Habéis alargado el tiempo de iros a dormir alguna vez, aunque curiosamente no estuvierais especialmente entretenidos, y os estuvierais muriendo de sueño?
Yo sí, anoche. Me faltaba un calor, un tacto, y un olor concretos. Unos ojos, una sonrisa, y unos besos. Eché de menos algo que curiosamente hace unos meses no existía, y ahora mismo, ni es mío, ni soy suya, ni nada explota en mi pecho como loco de amor, ni tampoco en el suyo. Curiosamente, digo, porque nunca antes había extrañado tanto sin saber qué me ata exactamente a quien echo en falta. Aparte del vicio, el morbo, la perversión, la confianza...
Creo que nunca sentí antes la necesidad al amor. Y se me hace curioso. :).
miércoles, 26 de enero de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
Adios, adios
Siempre me quejo de lo mismo, y sigo picando como si fuera boba. Ni yo me entiendo. Os hablo de falsos amos, de gente que se cuelga el cartelito...y me los sigo comiendo todos con patatas xD. O casi todos.
Ya hablé de lo de "no me pidas que me someta porque tú digas que eres un Dom, simplemente sométeme". Pero, dentro de las exigencias, fallos de amos y sumisos, descuidar las relaciones, etc., hay un aspecto, que he visto en ambos lados (es más, lo he recibido de un sum, de un Dom, y de un switch), que es lo de "echar balones fuera". Buscar la culpa del otro en el fallo que tenga lo que sea que se tenía. Escudarse detrás de faltadas como que "es como hablar con una pared". Pero, ¡¿Qué coño...?!
Hay algún tipo de problema mental, que yo, supongo que por ser mujer, he visto sólo en los hombres. Nos llevamos genial, tonteamos, medio decidimos que en algún momento pasará algo...y se acabó el buen rollo. Se pasa a hablar como si el otro no fuera una persona, si no un rol determinado en sesion continua. Pues yo no te voy a bajar la orejita porque seas Dom si llevas más de un mes sin dignarte a hablarme y entras acusándome a mi de tonterias, no voy ni a consentirte nada ni a seguirte el rollo si eras mi amigo switch con el que tenía un rollo mazo morboso y que ha desaparecido durante un año, me ha tratado como si fuera suya, y me ha acusado a mi por atender a mis obligaciones, y tampoco voy a consentir que me exijas nada de nada siendo un sum supuestamente novato e interesado en aprender si te pasas 3 meses diciendome a todo que no y recordándome el miedo que tienes como si yo fuera la mayor energúmena sobre la tierra y no fuera a atender a las cosas que me dijiste en su momento y que, encima, me repites cada 5 minutos. Recoño.
Me voy quedando con un grupo reducido y selecto, y que le den dos duros a las nuevas amistades. Si merecen la pena ya pelearán por demostrarlo. Si no, yo no peleo más por nadie. Agüita ¬¬
Ya hablé de lo de "no me pidas que me someta porque tú digas que eres un Dom, simplemente sométeme". Pero, dentro de las exigencias, fallos de amos y sumisos, descuidar las relaciones, etc., hay un aspecto, que he visto en ambos lados (es más, lo he recibido de un sum, de un Dom, y de un switch), que es lo de "echar balones fuera". Buscar la culpa del otro en el fallo que tenga lo que sea que se tenía. Escudarse detrás de faltadas como que "es como hablar con una pared". Pero, ¡¿Qué coño...?!
Hay algún tipo de problema mental, que yo, supongo que por ser mujer, he visto sólo en los hombres. Nos llevamos genial, tonteamos, medio decidimos que en algún momento pasará algo...y se acabó el buen rollo. Se pasa a hablar como si el otro no fuera una persona, si no un rol determinado en sesion continua. Pues yo no te voy a bajar la orejita porque seas Dom si llevas más de un mes sin dignarte a hablarme y entras acusándome a mi de tonterias, no voy ni a consentirte nada ni a seguirte el rollo si eras mi amigo switch con el que tenía un rollo mazo morboso y que ha desaparecido durante un año, me ha tratado como si fuera suya, y me ha acusado a mi por atender a mis obligaciones, y tampoco voy a consentir que me exijas nada de nada siendo un sum supuestamente novato e interesado en aprender si te pasas 3 meses diciendome a todo que no y recordándome el miedo que tienes como si yo fuera la mayor energúmena sobre la tierra y no fuera a atender a las cosas que me dijiste en su momento y que, encima, me repites cada 5 minutos. Recoño.
Me voy quedando con un grupo reducido y selecto, y que le den dos duros a las nuevas amistades. Si merecen la pena ya pelearán por demostrarlo. Si no, yo no peleo más por nadie. Agüita ¬¬
lunes, 13 de diciembre de 2010
Comunidad
Como todos, este relato también anda colgado por la red ;) pero este tiene algo especial, está inspirado en y dedicado a Zor, que fue capaz de enredarme mucho más en todo lo que ya me atraía, y también de hacer que me atrajeran muchas otras cosas...en resumen de hacerme un poco adicta a él, qué remedio ^^...
"Había oído hablar de las comunas hippies. Y de las comunidades amish. Pero nunca pensé que pudiera existir algo así. Paseo por la calle cogida de tu brazo, mirando al suelo, semidesnuda, con un collar cuya cadena sostienes en la mano que llevas dentro del bolsillo de la cazadora. Voy descalza porque así se reconoce a los nuevos, nos cruzamos con hombres y mujeres que nos miran con descaro, parándonos con algunos, que se permiten acariciar mi cara, y a los que tú cortas cuando te parece que no podré resistir más. Y otros, normalmente en peores condiciones que yo, que también miran al suelo. Y no podría estar mejor. Estoy sufriendo una humillación que nunca llegué a imaginar, cogida de tu brazo, y no podría elegir mejor lugar.
Pero seguramente sea mejor empezar por donde siempre empiezan las historias…por el principio…
Asimilar cómo hemos llegado a dónde estamos es bastante complicado, nunca pensé que alguien podría motivarme y hacerme sentir tanto a través de Internet o del teléfono, y sin embargo me enganché a ti. A tu voz, al morbo que desprendías y a lo que te gustaba jugar conmigo. A tus historias. Y eso que al principio, mi primera toma de contacto contigo, fue de verdadero terror…pero en fin…
Como la carne es débil, al final conseguimos quedar, tomar algo, vernos, enredarnos en una relación fantástica, sorprendiéndonos de vez en cuando el uno al otro, y también de a dónde hemos llegado, de qué forma…Y así acabé totalmente enganchada, sin opción de retractarme.
No se me ocurría nadie mejor con quien explorar mis límites, por mucho que me esforzara y por muchos príncipes que fuera conociendo. Quizás porque no quería ser sólo una princesa. Ni tampoco sólo una puta. Quería ser sólo tuya.
Seguramente debiera escribir sobre el primer día que nos vimos, o los siguientes…pero eso, si tal, ya será otra historia. Lo importante, es cómo llegué a esta situación desde el día que me propusiste perder la vergüenza de una forma drástica. Y tan drástica…
-Ayyysh…se me ha ocurrido una maldad – me dijiste al colgar el teléfono, mordiéndote el labio inferior y mirándome con ese gesto de que sabes que controlas la situación, que yo intentaré cumplir siempre lo que dé a imaginar esa mente tan retorcida y deliciosa.
-No sé por qué no me sorprende…
- Es que no sé si es demasiado fuerte aún para ti, con eso de que te doy miedo…
-No vuelvas sobre eso…y no vale empezar a hablar y dejarme la miel en los labios…
Sacaste la lengua, mordiéndotela, y sonreíste.
-Preferiría dejarte otra cosa ahora mismo.
-¿Eh?
-En los labios…
Estábamos en tu sofá, con la música puesta. Tú estabas sentado a la derecha y yo tenía mi cabeza en tus piernas, en uno de esos momentos de calma y toma de contacto con el mundo real.
-Pero, ¿Nunca te cansas?
-Contigo aquí no podría aunque quisiera…para lo poco que vienes a verme…-sonaba a chantaje, sabes de sobra que si pudiera me quedaba en Madrid, pero estamos a mitad de curso. Y de igual forma la economía de estudiante tampoco me da para verte siempre que quiero – tendré que aprovechar esa boca y ese cuerpo, ¿No?
-Tú sabrás…
-Da gusto lo mimosa que te pones ¿eh? y lo bien que entras en tu papel…-te hiciste el enfadado, como si te creyera…pero te seguí el juego.
-Sabes que esta boca-dije, incorporándome a besar y morder tu cuello- es tuya. Sabes que este cuerpo-sin separarme de ti, te hice levantar del sofá llevando una de tus manos a mi cintura- es tuyo. Puedo meterme en el papel, y no demostrar nada, o tomarte el pelo, que protestes, y demostrarte todo.
-Hmmmmm esto va sonando mejor…-te inclinaste a besarme, apretándome con fuerza contra ti, mordiendo mis labios, dejando que yo te correspondiera, y te separaste, mirándome a los ojos- llevas demasiada ropa-bajé la mirada, y tú me levantaste la cara cogiéndome por la barbilla.
- Que me mires. Y quítate la camiseta mientras lo haces.
Como lo disfrutas y qué vergüenza me haces pasar con esas cosas. Encima, lo que tú llamas "demasiada ropa", era una camiseta larga, de las de propaganda, y nada más. Y cuando digo nada más, es nada. Si no hay nada que me lo impida, contigo debo olvidarme siempre de la ropa interior, y es lo que he hecho. Así que me quité la camiseta mirándote, y la dejé caer al suelo, esperando.
-Estás mucho más guapa.
-Gracias…-al mirarme con esa cara de "ahora te pillé", me di cuenta- …Amo.
Sonriendo, de nuevo te inclinaste a besarme.
-Casi…
-Lo sé…
La boca, la quijada, el cuello. Notaba tu piercing en la piel, y cómo me mordías. Como si no hubiera mañana. Como si estuvieras hambriento. Me estremecía, todo lo quieta que podía, conteniendo la respiración y recuperándola en jadeos al no poder contenerlos más. Con una mano a mi espalda, me inclinaste hacia atrás, quedando dependiente de que tú me sostuvieras. Con la otra dibujabas mi cuerpo, la pasabas entre mis pechos hasta abarcar la parte delantera de mi cuello. Te deleitabas.
Me abandoné al contacto, y una punzada de dolor me sacó de él. Me miraste, sosteniendo aún entre los dientes el pezón que decidiste morder con tal fuerza, y sonriendo: me habías oído quejarme y te había encantado.
-Ve por las cuerdas. Y hazlo como una buena perrita.
Asumiendo que querías verme a cuatro patas, me fui gateando a buscarlas, y volví con ellas como pude, dejándolas sobre mi espalda y sosteniendo un lado con la boca para que no cayeran. Me quedé de rodillas esperando a que hicieras algo, y por supuesto, te eternizaste en dar señales de vida viéndome así.
-A veces da gusto verte…
-Gracias…
-Levántate, vamos.
El bondage siempre me había atraído un montón, de hecho fue como el detonante de todo contigo, te gustaba, controlabas, me enseñaste unas fotos chulísimas, me enredaste con todo lo que me contabas mejor que con cualquier cuerda.
Me levanté y quedé frente a ti, sin ser capaz de mirarte…aún ahora no soy capaz siempre…me levantaste la cabeza para que te mirara mientras acercabas las cuerdas a mi piel buscando erizármela. Te colocaste a mi espalda para dejar mis muñecas atadas, con un brazo sobre el otro cruzando la espalda, dibujando una espiral alrededor de cada uno, y llevando cada extremo de las cuerdas hasta mis hombros. Desde ese punto, dejaste caer las cuerdas x mi pecho inclinándote a arañarme el cuello con los dientes. Sin moverte, pasaste las cuerdas bajo mi pecho, rodeándome, y volviendo adelante para pasarlas por encima, repitiéndolo varias veces, de forma que mis pechos fueron quedando aprisionados entre dos zonas de cuerdas tensas que, poco a poco, hipersensibilizaron toda la zona que no quedaba tapada. Acabaste tu juego volviendo a subir a mi cuello para unir los dos extremos a la altura de mi esternón, atándolos juntos, y bajarlos entre mis piernas como una sola cuerda, dejándola atada de nuevo junto a mis brazos, de forma que quedé inmovilizada de cintura para arriba pero con las piernas libres. Aún así, más me valía no moverme mucho, porque las cuerdas entre las piernas se apretaban a cada movimiento torturándome cada vez un poco más y haciendo que me subiera un escalofrío tras otro por la columna.
-Para ser así rápido, me has quedado muy bien…ahora ven aquí…
Me hiciste arrodillarme a tu lado en el sofá, colocándote entre mis piernas, de forma que ya me llegaba con mantener el equilibro como para controlarme mucho más, y empezaste a jugar conmigo: Mordías mi piel, me arañabas, pasabas la lengua con dulzura después de hacerme gemir del dolor, y repetías, viéndome temblar cada vez más, manteniendo el poco silencio que podía, hasta que bajaste una mano a donde las cuerdas más me torturaban, para colar un dedo entre ellas y notar que, como siempre, me podía más el morbo y el placer que lo difícil que me lo pusieras o lo fuerte que pudieras morder.
-Estás mojada. Guarra. Qué fuerte.
-Tampoco es que pueda evitarlo…
-Deberías. Hay muchas formas de entrenar eso.
-Por mucho que entrenara tú me puedes más que eso.
-¿Te puede más lo que te hago que tu autocontrol? Eso es de zorras…me encanta.
Empezaste a mover el dedo con rapidez y a tirar de las cuerdas, hasta que mis pequeños espasmos dieron lugar a temblores con los que yo ya no podía, empezando a gemir a pesar de tener el labio bien mordido, hasta que caí sobre tu hombro completamente incapaz de seguir manteniendo el equilibrio.
-No me mojes las cuerdas, puta. Aguanta.
-Nnnoo…voy a poder muuucho..mááás…
-Me encanta…
Empezaste a deshacer los nudos, dejando las cuerdas cayendo desde mi cuello a modo de collar, y sin desatar mis brazos ni mi pecho me colocaste apoyada sobre el respaldo del sofá, dándote la espalda bien abierta de piernas, y te acercaste a mí acariciando con dos dedos mis piernas, te agachaste a mi espalda y pasaste la lengua sólo porque sabes que teniéndome al límite, tu piercing sólo podría matarme. Noto tu aliento y empiezo a gimotear…
-Oh vamos Zor te lo pido por favor no lo hagas…
-Ni que fuera cosa tuya…
-Te he dicho que no podía aguantar mucho más, estás jugando con el diablo.
-Uno, me da igual lo que digas –y con esa frase empezaste a lamerme evitando el clitorís-. Y dos, estoy jugando contigo…
-Aaaaah jooooder…
-Joder, ¿qué, puta?
-Que no puedo máááss…
-Pues vas a tener que poder…
Te levantaste, y oí cómo te quitabas la ropa, hasta notar tu polla empapándose de mis jugos.
-Bbbbufff pero qué mojadita estás…
Acariciándome con ella, veías como yo me moría de ganas, casi podía imaginarme tu cara conteniéndote sólo por putearme. Entonces, con la mano abierta, me palmeaste el coño, diciéndome lo zorra que era por estar así sólo por estar atada…
-Es sólo porque me ataste tú…
-Hmmmm, tocado…y hundido.
Sin esperar más, me clavaste la polla de un golpe, abrazando mi cintura con una mano, mientras subías la otra para mimar mis pechos y cogerme por el cuello, embistiéndome salvajemente y sin decir nada más.
-Joder, me pones muchísimo…
-Mee aaa-aalegro…
-¿Te alegra ser una zorra?¿Por?
-Porque…tú….me lo pides y tú…lo disfrutas…
-¿Cómo lo llevas?
-N-necesito coooorrerme, yaaa ssí qu,quee no puedo másssss…
-Córrete puta, córrete…
Me abandoné completamente mientras seguías embistiéndome, apretándote con cada orgasmo, esforzándome por apretarte más aún si cabe para que lo disfrutaras más…
Me bajaste del sofá cuando ya no podías más, y cogiéndome del pelo me metiste la polla en la boca, para acabar dentro. Te apartaste y deshiciste el resto de los nudos, dejando caer la cuerda a mis pies y levantándome.
-¿Lo has tragado?
Negué con la cabeza, no podía hablar.
-Hmmmm así que lo estás saboreando…
No sabía que responder así que desvié la mirada. Me cogiste por la cintura y me hiciste mirarte de nuevo.
-Dime, ¿Lo disfrutas?
Con una vergüenza enorme asentí con la cabeza, y te vi sonreír. Me pusiste una mano en la parte frontal del cuello, por donde me habías cogido, y donde se veía la zona enrojecida.
-¿Te he hecho daño?-Volví a negar-Entonces, traga.
Abrí la boca, sonriendo, después de que con esa mano apoyada notaras cómo tragaba, y me besaste. Volviste a sentarte en el sofá y yo me acerqué al respaldo dándote un masaje en los hombros. Tras un rato, me cogiste una mano y me hiciste sentarme contigo, cogiéndome mientras me acariciabas el costado.
-¿Me he ganado que me cuentes aquella maldad de la que hablabas?
-Te lo iba a contar igual…
-Ahora me lo dices…
-Sssssh. Me han invitado a un sitio alucinante.
-¿Sí? Qué raro…
-Oh venga, hablo en serio…
-Cuéntame.
-No podría darte muchos datos, tendrías que confiar en mí.
-¿No me va a doler ni va a estar allí nadie que no quiera ver?
-No puedo contestarte con sinceridad a ninguna de las dos cosas.
-…joder…qué alentador…pero dime algo…
-Unos buenos amigos se han currado la fantasía a mayor escala hasta ahora, que yo sepa o conozca, vaya. Han "revivido" un pueblito donde todo quebró, no es nada rural y antiguo, hay un par de casonas señoriales, pero en general son edificios nuevos, con luz, agua corriente, etc.
-¿Y he de suponer que en una de esas casas…?
-Supondrías mal.
-¿Eh?
-En TODO el pueblo, niña, se practica BDSM de una forma libre, no perseguida, pública a más no poder, pero con su privacidad, aún así.
-¿Y si viene alguien que no es del pueblo?
-Hay un sistema de seguridad en varios kilómetros alrededor. Sólo se pasa invitado.
-Alucinante…
-Quisiera ir…
-¿Y qué te lo impide?
-Tú…
-¿Perdón? ¿Desde cuándo supongo un impedimento?
-Desde que quiero llevarte conmigo…al darte terror la exhibición…
-Así que ahí estaba tu maldad…
Me quedé callada, sopesando qué me podía más. Quería ir contigo pero sabía que me iba a morir si tenía que exhibirme…
-Zor…
-¿Hm?-te habías ido adormilando mientras yo sopesaba pros y contras…
-…iré
-¡¿Eh?!-pareció que alguien te tiraba un cubo de agua fría, vaya forma de despertarte.
-Si tú me lo pides, si tú quieres, iré. Pero te haré rejurarme cada poco que no lo voy a pasar mal, en lo que a mis límites se refiere.
-¿La vergüenza entra como límite?
-Intentaré dejármela en casa, o quejarme poco.
-No sabes lo que me encanta oírlo. Va a ser genial, va a ser salvaje, ¡diosss! va a ser tan salvaje…me encanta, me encanta…
Me apoyé en ti y me quedé oyendo la música…ahora sólo había que esperar…"
"Había oído hablar de las comunas hippies. Y de las comunidades amish. Pero nunca pensé que pudiera existir algo así. Paseo por la calle cogida de tu brazo, mirando al suelo, semidesnuda, con un collar cuya cadena sostienes en la mano que llevas dentro del bolsillo de la cazadora. Voy descalza porque así se reconoce a los nuevos, nos cruzamos con hombres y mujeres que nos miran con descaro, parándonos con algunos, que se permiten acariciar mi cara, y a los que tú cortas cuando te parece que no podré resistir más. Y otros, normalmente en peores condiciones que yo, que también miran al suelo. Y no podría estar mejor. Estoy sufriendo una humillación que nunca llegué a imaginar, cogida de tu brazo, y no podría elegir mejor lugar.
Pero seguramente sea mejor empezar por donde siempre empiezan las historias…por el principio…
Asimilar cómo hemos llegado a dónde estamos es bastante complicado, nunca pensé que alguien podría motivarme y hacerme sentir tanto a través de Internet o del teléfono, y sin embargo me enganché a ti. A tu voz, al morbo que desprendías y a lo que te gustaba jugar conmigo. A tus historias. Y eso que al principio, mi primera toma de contacto contigo, fue de verdadero terror…pero en fin…
Como la carne es débil, al final conseguimos quedar, tomar algo, vernos, enredarnos en una relación fantástica, sorprendiéndonos de vez en cuando el uno al otro, y también de a dónde hemos llegado, de qué forma…Y así acabé totalmente enganchada, sin opción de retractarme.
No se me ocurría nadie mejor con quien explorar mis límites, por mucho que me esforzara y por muchos príncipes que fuera conociendo. Quizás porque no quería ser sólo una princesa. Ni tampoco sólo una puta. Quería ser sólo tuya.
Seguramente debiera escribir sobre el primer día que nos vimos, o los siguientes…pero eso, si tal, ya será otra historia. Lo importante, es cómo llegué a esta situación desde el día que me propusiste perder la vergüenza de una forma drástica. Y tan drástica…
-Ayyysh…se me ha ocurrido una maldad – me dijiste al colgar el teléfono, mordiéndote el labio inferior y mirándome con ese gesto de que sabes que controlas la situación, que yo intentaré cumplir siempre lo que dé a imaginar esa mente tan retorcida y deliciosa.
-No sé por qué no me sorprende…
- Es que no sé si es demasiado fuerte aún para ti, con eso de que te doy miedo…
-No vuelvas sobre eso…y no vale empezar a hablar y dejarme la miel en los labios…
Sacaste la lengua, mordiéndotela, y sonreíste.
-Preferiría dejarte otra cosa ahora mismo.
-¿Eh?
-En los labios…
Estábamos en tu sofá, con la música puesta. Tú estabas sentado a la derecha y yo tenía mi cabeza en tus piernas, en uno de esos momentos de calma y toma de contacto con el mundo real.
-Pero, ¿Nunca te cansas?
-Contigo aquí no podría aunque quisiera…para lo poco que vienes a verme…-sonaba a chantaje, sabes de sobra que si pudiera me quedaba en Madrid, pero estamos a mitad de curso. Y de igual forma la economía de estudiante tampoco me da para verte siempre que quiero – tendré que aprovechar esa boca y ese cuerpo, ¿No?
-Tú sabrás…
-Da gusto lo mimosa que te pones ¿eh? y lo bien que entras en tu papel…-te hiciste el enfadado, como si te creyera…pero te seguí el juego.
-Sabes que esta boca-dije, incorporándome a besar y morder tu cuello- es tuya. Sabes que este cuerpo-sin separarme de ti, te hice levantar del sofá llevando una de tus manos a mi cintura- es tuyo. Puedo meterme en el papel, y no demostrar nada, o tomarte el pelo, que protestes, y demostrarte todo.
-Hmmmmm esto va sonando mejor…-te inclinaste a besarme, apretándome con fuerza contra ti, mordiendo mis labios, dejando que yo te correspondiera, y te separaste, mirándome a los ojos- llevas demasiada ropa-bajé la mirada, y tú me levantaste la cara cogiéndome por la barbilla.
- Que me mires. Y quítate la camiseta mientras lo haces.
Como lo disfrutas y qué vergüenza me haces pasar con esas cosas. Encima, lo que tú llamas "demasiada ropa", era una camiseta larga, de las de propaganda, y nada más. Y cuando digo nada más, es nada. Si no hay nada que me lo impida, contigo debo olvidarme siempre de la ropa interior, y es lo que he hecho. Así que me quité la camiseta mirándote, y la dejé caer al suelo, esperando.
-Estás mucho más guapa.
-Gracias…-al mirarme con esa cara de "ahora te pillé", me di cuenta- …Amo.
Sonriendo, de nuevo te inclinaste a besarme.
-Casi…
-Lo sé…
La boca, la quijada, el cuello. Notaba tu piercing en la piel, y cómo me mordías. Como si no hubiera mañana. Como si estuvieras hambriento. Me estremecía, todo lo quieta que podía, conteniendo la respiración y recuperándola en jadeos al no poder contenerlos más. Con una mano a mi espalda, me inclinaste hacia atrás, quedando dependiente de que tú me sostuvieras. Con la otra dibujabas mi cuerpo, la pasabas entre mis pechos hasta abarcar la parte delantera de mi cuello. Te deleitabas.
Me abandoné al contacto, y una punzada de dolor me sacó de él. Me miraste, sosteniendo aún entre los dientes el pezón que decidiste morder con tal fuerza, y sonriendo: me habías oído quejarme y te había encantado.
-Ve por las cuerdas. Y hazlo como una buena perrita.
Asumiendo que querías verme a cuatro patas, me fui gateando a buscarlas, y volví con ellas como pude, dejándolas sobre mi espalda y sosteniendo un lado con la boca para que no cayeran. Me quedé de rodillas esperando a que hicieras algo, y por supuesto, te eternizaste en dar señales de vida viéndome así.
-A veces da gusto verte…
-Gracias…
-Levántate, vamos.
El bondage siempre me había atraído un montón, de hecho fue como el detonante de todo contigo, te gustaba, controlabas, me enseñaste unas fotos chulísimas, me enredaste con todo lo que me contabas mejor que con cualquier cuerda.
Me levanté y quedé frente a ti, sin ser capaz de mirarte…aún ahora no soy capaz siempre…me levantaste la cabeza para que te mirara mientras acercabas las cuerdas a mi piel buscando erizármela. Te colocaste a mi espalda para dejar mis muñecas atadas, con un brazo sobre el otro cruzando la espalda, dibujando una espiral alrededor de cada uno, y llevando cada extremo de las cuerdas hasta mis hombros. Desde ese punto, dejaste caer las cuerdas x mi pecho inclinándote a arañarme el cuello con los dientes. Sin moverte, pasaste las cuerdas bajo mi pecho, rodeándome, y volviendo adelante para pasarlas por encima, repitiéndolo varias veces, de forma que mis pechos fueron quedando aprisionados entre dos zonas de cuerdas tensas que, poco a poco, hipersensibilizaron toda la zona que no quedaba tapada. Acabaste tu juego volviendo a subir a mi cuello para unir los dos extremos a la altura de mi esternón, atándolos juntos, y bajarlos entre mis piernas como una sola cuerda, dejándola atada de nuevo junto a mis brazos, de forma que quedé inmovilizada de cintura para arriba pero con las piernas libres. Aún así, más me valía no moverme mucho, porque las cuerdas entre las piernas se apretaban a cada movimiento torturándome cada vez un poco más y haciendo que me subiera un escalofrío tras otro por la columna.
-Para ser así rápido, me has quedado muy bien…ahora ven aquí…
Me hiciste arrodillarme a tu lado en el sofá, colocándote entre mis piernas, de forma que ya me llegaba con mantener el equilibro como para controlarme mucho más, y empezaste a jugar conmigo: Mordías mi piel, me arañabas, pasabas la lengua con dulzura después de hacerme gemir del dolor, y repetías, viéndome temblar cada vez más, manteniendo el poco silencio que podía, hasta que bajaste una mano a donde las cuerdas más me torturaban, para colar un dedo entre ellas y notar que, como siempre, me podía más el morbo y el placer que lo difícil que me lo pusieras o lo fuerte que pudieras morder.
-Estás mojada. Guarra. Qué fuerte.
-Tampoco es que pueda evitarlo…
-Deberías. Hay muchas formas de entrenar eso.
-Por mucho que entrenara tú me puedes más que eso.
-¿Te puede más lo que te hago que tu autocontrol? Eso es de zorras…me encanta.
Empezaste a mover el dedo con rapidez y a tirar de las cuerdas, hasta que mis pequeños espasmos dieron lugar a temblores con los que yo ya no podía, empezando a gemir a pesar de tener el labio bien mordido, hasta que caí sobre tu hombro completamente incapaz de seguir manteniendo el equilibrio.
-No me mojes las cuerdas, puta. Aguanta.
-Nnnoo…voy a poder muuucho..mááás…
-Me encanta…
Empezaste a deshacer los nudos, dejando las cuerdas cayendo desde mi cuello a modo de collar, y sin desatar mis brazos ni mi pecho me colocaste apoyada sobre el respaldo del sofá, dándote la espalda bien abierta de piernas, y te acercaste a mí acariciando con dos dedos mis piernas, te agachaste a mi espalda y pasaste la lengua sólo porque sabes que teniéndome al límite, tu piercing sólo podría matarme. Noto tu aliento y empiezo a gimotear…
-Oh vamos Zor te lo pido por favor no lo hagas…
-Ni que fuera cosa tuya…
-Te he dicho que no podía aguantar mucho más, estás jugando con el diablo.
-Uno, me da igual lo que digas –y con esa frase empezaste a lamerme evitando el clitorís-. Y dos, estoy jugando contigo…
-Aaaaah jooooder…
-Joder, ¿qué, puta?
-Que no puedo máááss…
-Pues vas a tener que poder…
Te levantaste, y oí cómo te quitabas la ropa, hasta notar tu polla empapándose de mis jugos.
-Bbbbufff pero qué mojadita estás…
Acariciándome con ella, veías como yo me moría de ganas, casi podía imaginarme tu cara conteniéndote sólo por putearme. Entonces, con la mano abierta, me palmeaste el coño, diciéndome lo zorra que era por estar así sólo por estar atada…
-Es sólo porque me ataste tú…
-Hmmmm, tocado…y hundido.
Sin esperar más, me clavaste la polla de un golpe, abrazando mi cintura con una mano, mientras subías la otra para mimar mis pechos y cogerme por el cuello, embistiéndome salvajemente y sin decir nada más.
-Joder, me pones muchísimo…
-Mee aaa-aalegro…
-¿Te alegra ser una zorra?¿Por?
-Porque…tú….me lo pides y tú…lo disfrutas…
-¿Cómo lo llevas?
-N-necesito coooorrerme, yaaa ssí qu,quee no puedo másssss…
-Córrete puta, córrete…
Me abandoné completamente mientras seguías embistiéndome, apretándote con cada orgasmo, esforzándome por apretarte más aún si cabe para que lo disfrutaras más…
Me bajaste del sofá cuando ya no podías más, y cogiéndome del pelo me metiste la polla en la boca, para acabar dentro. Te apartaste y deshiciste el resto de los nudos, dejando caer la cuerda a mis pies y levantándome.
-¿Lo has tragado?
Negué con la cabeza, no podía hablar.
-Hmmmm así que lo estás saboreando…
No sabía que responder así que desvié la mirada. Me cogiste por la cintura y me hiciste mirarte de nuevo.
-Dime, ¿Lo disfrutas?
Con una vergüenza enorme asentí con la cabeza, y te vi sonreír. Me pusiste una mano en la parte frontal del cuello, por donde me habías cogido, y donde se veía la zona enrojecida.
-¿Te he hecho daño?-Volví a negar-Entonces, traga.
Abrí la boca, sonriendo, después de que con esa mano apoyada notaras cómo tragaba, y me besaste. Volviste a sentarte en el sofá y yo me acerqué al respaldo dándote un masaje en los hombros. Tras un rato, me cogiste una mano y me hiciste sentarme contigo, cogiéndome mientras me acariciabas el costado.
-¿Me he ganado que me cuentes aquella maldad de la que hablabas?
-Te lo iba a contar igual…
-Ahora me lo dices…
-Sssssh. Me han invitado a un sitio alucinante.
-¿Sí? Qué raro…
-Oh venga, hablo en serio…
-Cuéntame.
-No podría darte muchos datos, tendrías que confiar en mí.
-¿No me va a doler ni va a estar allí nadie que no quiera ver?
-No puedo contestarte con sinceridad a ninguna de las dos cosas.
-…joder…qué alentador…pero dime algo…
-Unos buenos amigos se han currado la fantasía a mayor escala hasta ahora, que yo sepa o conozca, vaya. Han "revivido" un pueblito donde todo quebró, no es nada rural y antiguo, hay un par de casonas señoriales, pero en general son edificios nuevos, con luz, agua corriente, etc.
-¿Y he de suponer que en una de esas casas…?
-Supondrías mal.
-¿Eh?
-En TODO el pueblo, niña, se practica BDSM de una forma libre, no perseguida, pública a más no poder, pero con su privacidad, aún así.
-¿Y si viene alguien que no es del pueblo?
-Hay un sistema de seguridad en varios kilómetros alrededor. Sólo se pasa invitado.
-Alucinante…
-Quisiera ir…
-¿Y qué te lo impide?
-Tú…
-¿Perdón? ¿Desde cuándo supongo un impedimento?
-Desde que quiero llevarte conmigo…al darte terror la exhibición…
-Así que ahí estaba tu maldad…
Me quedé callada, sopesando qué me podía más. Quería ir contigo pero sabía que me iba a morir si tenía que exhibirme…
-Zor…
-¿Hm?-te habías ido adormilando mientras yo sopesaba pros y contras…
-…iré
-¡¿Eh?!-pareció que alguien te tiraba un cubo de agua fría, vaya forma de despertarte.
-Si tú me lo pides, si tú quieres, iré. Pero te haré rejurarme cada poco que no lo voy a pasar mal, en lo que a mis límites se refiere.
-¿La vergüenza entra como límite?
-Intentaré dejármela en casa, o quejarme poco.
-No sabes lo que me encanta oírlo. Va a ser genial, va a ser salvaje, ¡diosss! va a ser tan salvaje…me encanta, me encanta…
Me apoyé en ti y me quedé oyendo la música…ahora sólo había que esperar…"
viernes, 10 de diciembre de 2010
Frustraciones
Enredada para siempre en el vicio y el morbo más difíciles. Buscando la perfección de la mano de quien sabe. Y frustrada porque aún no...aún no...
viernes, 26 de noviembre de 2010
¿La zorra de quién? (2)
-No puedo creerlo- ya sonrío, el día me supera.
-¿Te ríes de mí?
-No Leo joder, no me río de ti, sólo que este día está siendo muy rarito.
-Y no me vas a decir que opinas…
-Pues…nah…
-Oh, vamos, no puedes resistirte mucho tiempo y lo sabes…-Leo vuelve a hundir la cabeza entre mis piernas y…y a mí no me da para más…
-Vale vale vale, tú ganas, sal de ahí de una vez, ¡Vicioso de mierda!
-Eh…-dice Alma- …pues no te creas que le quedaría mal eso en el collar…
Leo nos mira mal a ambas. Una cosa es lo que nos guste y otra que no haya confianza entre nosotros, así que se la dejo pasar…pero Alma alarga la mano a la fusta y le da una sola pasada.
-Igual te conviene recordar un poco dónde estamos…
-Lo siento mi Señora, no lo volveré a hacer.
-Niña, contéstale al pobre que has dicho que ganaba, y yo también me muero de curiosidad.
-Y lo sabías.
-Claro que lo sabía-Alma se ríe, ha preparado esto con intención de volverme loca a mí, acabo de vérselo en la cara…
-¿Puedo opinar algo antes?-No sé en qué momento Carlos se había acercado al sofá, pero ahí estaba. Ahora mismo podía no opinar, en lo que a mí respecta creo que el mundo está confabulando en mi contra y éste viene directo a darme un gancho de izquierda…
-Dinos…
-Hace mucho que no estoy con ella a mis pies…y que no siento esa boquita…ni la hago retorcerse…y nunca he tenido la oportunidad de tutorizar una sesión de un novato…
-Y yo hace mucho que no tengo un esclavo abanicándome en la playa mientras bebo un Martini preocupada únicamente por dónde ir a bailar esa noche…Carlos, no seas malo, serían muchos cambios en un solo día, y además no estoy de humor.
Carlos se acerca, zalamero. Te veo arrodillado en el suelo, con Alma sujetando firmemente tu collar, ambos pendientes de esta conversación. Ya sabes todo lo que tienes que saber de Carlos, siempre supo despertar en mí un poco de locura, y habíamos estado juntos, de muchas formas, muchas veces.
-¿Sabes lo guay que sería que tu perra aprendiera de una tan morbosa como tú? ¿Qué viera como cumples cuando estás conmigo?
Ahora mismo, lo único "guay" que se me ocurre es que le caiga algo en la cabeza…¿No tendré ya bastante como ara encima lidiar con él? Mierda, como sonríe. Y Alma. Ay, joder, joder, los adoro, pero ahora mismo los odio tanto…
Alma tira de tu collar y te lleva a un extremo de la habitación, dejándote atado allí, a una argolla de metal bien escondida tras una cortina.
-¿Cuánto hace que lo estáis planeando? ¿Cuándo lo decidisteis?
-Ssssh…-Carlos me pone un dedo en los labios, ¡¡Diosssss!! ¡Se lo mordía!
Ahora es él quien deja a su niña atada, y Alma se inclina a recoger algo que está en el mueble tras el sofá…
-Mira lo que tengo para ti…
Mi collar. Mierda. El hecho a medida que yo creía en mi casita. Más y más mierda, no quiero ceder, tengo tanto que mantener el control para que a ti no te hagan nada que realmente te moleste, como mantenerlo para no gritar de todo lo que tengo en la cabeza.
-Vamos dejad el jueguecito…
Carlos me levanta del sofá, y mirándome directamente a los ojos, baja los tirantes de mi vestido mientras se acerca a dar lo que yo creo que es un beso en mi cuello. Y me vuelvo a equivocar. Me da un mordisco intenso, muy salvaje, y no cesa hasta que me oye gemir de dolor.
-Ése es uno d los sonidos que quería volver a oír…
Y a partir de ahí, ya está. Me coloca el collar bien pegado, mi collar negro y verde…Alma y él terminan de quitarme la ropa, y acercan hasta poner delante del sofá una mesa pequeña, de las de café, donde me tienden, haciendo caso omiso a mis protestas, y siendo inútil que me retuerza y les amenace. Dejan mis manos atadas a las patas que hay tras mi cabeza, y atan cada una de mis piernas a los lados de la mesa, asi como mis tobillos, dejándome bien en el borde, un acceso cómodo, cómodo; después, Carlos coge mi tanga y enrrollándolo me lo mete en la boca. Veo tu cara de flipe…
Alma toma la palabra:
-Bueno, vamos a jugar a un juego. Aquí la niña está agobiada, y se cree que no lo notamos porque no la conocemos, o porque somos idiotas. Y además está agobiada porque nunca hizo una cesión, tiene miedo de lo que te pase a ti –te señala-, está preocupada porque no lo disfrutes, o lo disfrutes demasiado y se lo pidas más veces, Leo acaba de provocarle un shock…Veamos, es obvio que le hace falta relajarse, y…¿Cómo os quedáis vosotros más relajaditos?
¡Te brillan los ojos, cabrón, te he visto!
-Con permiso…
-Sí dime niño, ¿Cómo podemos ayudar a tu Ama?
-Yo me quedo muy relajado después de un orgasmo…
Alma sonríe, pero ya con cara de mala, de viciosa, y de perversa. ¡Y de mala persona! O así la veo yo ahora mismo vaya…
-Exactamente...-se acerca a vosotros y os desata, dejándoos los collares puestos- Sentaos y disfrutad de la mejor cualidad de esta niña, en lo que a sesiones se refiere. Luego entraréis en juego.
Laura, la niña de Carlos, y tú, os sentáis bastante cortados, ya que no sabéis ni qué hacer ni si hacer algo. Leo va a por unas copas, las acerca a una mesa camilla al lado del sofá, y pide permiso para darme de beber antes de empezar. Al recibirlo, me quita el tanga, coge mi copa, bebe, y con la boca llena viene a besarme y dejar en mi boca mi bebida. Cuando trago, lo miro mal, y antes de poder decirle nada, el vuelve a besarme, sonriendo, y cogiendo entre sus dedos un pezón que empieza a retorcerme hasta que me oye protestar. En ese momento, vuelve a dejarme el tanga en la boca y se separa.
-¿Qué, has disfrutado?- Alma lo mira sonriendo.
-Sólo me he quedado con ganas de empezar, señora…
-Olvídate de lo que eres conmigo Leo. Y del protocolo. Dedícate sólo a ella, y considéralo como mi última orden en las próximas horas.
-Hmmm…-Carlos- ése último gemido era otro de los que echaba hoy en falta…
Escupo el tanga y protesto:
-¿Qué pasa, no tengo nada que decir en esto?
Carlos se me acerca y me pone en la boca una mordaza que ata tras mi cabeza.
-Sólo te lo voy a decir una vez. Como Dom, te comes demasiado la cabeza cuando el niño te importa. Y encima se te han venido más cosas encima. Sabemos cuál es su palabra de seguridad, atenderemos a sus gestos y le dejaremos hablar. Así que olvídalo de una vez, y deja que juguemos contigo. Sabes que cuando te sientes una zorra sólo estás entregada al placer, que nada más te preocupa. Relájate, princesa, que vas a volver a ser puta…y no, no tienes nada más que decir. Y Alma, te dije que con el tanga no llegaba, que ésta cuando esta peleona no sabe dónde está el límite.
Nada más decirlo, Carlos alarga la mano hacia la fusta y empieza a recorrer mi vientre. Pero no le pienso dar la satisfacción de oírme más, ni de abandonarme. Ni quiero, ni puedo. Y según lo pienso, mi carita de libro abierto me debe de volver a traicionar.
-Puedes resistirte lo que quieras, cariño-me dice Alma pasando el dorso de los dedos por mi cara-somos 5 contra 1…
Carlos, mientras, había seguido dibujando mi cuerpo con la fusta, y acercándose a mi coño, la desplazó entre los labios, acariciando suavemente, hasta de golpe, metérmela con fuerza. Mordiendo la mordaza, apenas me tensé y por supuesto no se oyó nada más.
-No esperaba menos, puta y peleona. Como siempre.
Saca la fusta y después de pasarla por mi piel, marca unas cuantas cruces de lado a lado de mi vientre tan rápido que apenas se veía la fusta…se ven rojas sobre mi piel blanca, y escuecen horrores…pero sigo prácticamente estática. Te veo con los ojos como platos. Y recuerdo que a ti ya te dolía cualquier cosa algo menos intensa si no era con la mano. Sorpresa…ahora tengo aún más razones para no emitir sonido alguno, que veas lo que se disfruta al no dar el gusto de gimotear. Aunque puede que acabes viendo también el placer de conseguir arrancar sonidos a una cabezota.
-Lo mejor de esta zorra-Carlos parecía estar dando una puta clase- es que por orgullo o por vergüenza puede aguantar cosas así bastante bien. La cosa es saber cambiarle el chip… -mientras decía eso, se inclinó hacia mí, empezando a masturbarme de forma suave, casi imperceptible, y mirando mi reacción-y…ya está mojadita…atentos.
Empieza a hacer círculos sobre mi clítoris con tres dedos, de una forma agresiva, bestial, y al poco me tiene retorciéndome en la mesa, intentando cerrar las piernas. Se agacha a pasarme la lengua mientras empieza a taladrarme con fuerza con dos dedos, con total conciencia de que no soy de cristal y no va a romperme por ser tan salvaje, y entonces veo a Leo junto a mi cara.
-Ostras tenías razón, cómo le brillan los ojos, parece que está a punto de llorar…
-Tú –te llama Carlos- ven aquí a ver cómo usas esa lengua en tu Ama…
Sabes que el oral es mi pasión y mi prioridad, que me abandono fácilmente, que le doy importancia…y has aprendido a hacerlo de forma que a veces tengo que pararte para no derretirme allí mismo. Te acercas, sumiso, pero veo tu sonrisa, y solo alcanzo a fulminarte con la mirada, hoy será lo que sea pero puedo querer vengarme, recuérdalo…
Colocado entre mis piernas, me das un tiempo para respirar tras lo que me ha hecho Carlos. Puede parecer bondadoso, pero sé que realmente lo que haces es esperar a que me calme para que el mérito de lo que pase sea más tuyo que de nadie…y empiezas a lamer, morder y chupar de forma deliciosa y, en esos momento para mí, cruel. Alma aprovecha para recordarte que viniste a hacer allí, y te azota con el culo bien expuesto para ella, impidiéndote usar nada que no sea la boca en mí.
-Cuanto mejor lo hagas, menos durará esto…-ni que te hicieran falta alicientes…aumentas el ritmo pegándote más, de forma que tu aliento me llena y te devuelve mi olor…y se me escapa un quejido.
-Ahí estamos…vuelve al sofá-Carlos retoma su posición masturbándome con fiereza mientras va mordiéndome cerca de vez en cuando, o pasándome la lengua con ternura, sin bajar el ritmo en ningún momento.
Arqueo la espalda, soy consciente de mis límites y se acercan peligrosamente, me muevo lo que me dejan las cuerdas, aprieto bien la mordaza, cierro los ojos…y de repente Leo me levanta la cabeza para sacarme la mordaza, de forma que dejo escapar un jadeo más que evidente, lo cual parece motivar a ambos, de forma que Carlos aumenta el ritmo y Leo se inclina a besarme, lamer mi cuello, mi pecho, morderme…ni dos minutos pasan hasta que se me escapa el primer gemido, recibido con una celebración, ya que a partir del primero ya no hay vuelta atrás. He dejado de resistirme, y empiezo a gemir y jadear mientras suplico que se detengan, prometiendo lo que haga falta y sin estar del todo segura de qué digo ni qué oigo. Pero no se detienen, y me muevo de forma que la mesa, y mi integridad, peligran…
-Pide permiso antes de correrte, zorra.
-Aaaaaaah poooooooorrrffff favoooooor déééjame…
-¿Qué te deje, qué?
-Co…cooorrerme…
-¿Qué más?
-Eeeeeeh…?!!
-Que si te parece forma de hablarme, puta.
-¡¡Ohhh joder!!
-Recibo una bofetada, no sé de quién.
-Vamos…
-Looo sss, sssiientoo seeñoress, leeees pido, aaaaah….les, leees pido que me, que me dejen correrme…
-¿Por?
-Poooorque, porque looo necesiito, estoy llegando aaaaaa mi limite y si no aaaah, acabaré ha, haciéééndolo sin peerrmiso…
-¿Serías tan zorra de correrte sin permiso? ¿¿¿Tan caliente andas???
-Sííííí mi señor, caaaalentísima y agradecida, y más que lo estaré siiiii me lo permiten…
-Muuucho mejor…córrete si quieres anda…
Pero eso no cambia nada, aunque me corro, ni Leo ha dejado de besarme y jugar conmigo, ni Carlos de masturbarme, y no puedo dejar de gemir, gimotear, suplicar…ya apenas hablo, sólo me muero una vez tras otra, hasta que acabo gritando mientras dos lágrimas me resbalan por la cara…
-Alucinante.
No sé cuando han parado de torturarme. Ni cuánto tiempo necesité para volver del limbo. Pero abro los ojos y estoy desatada, tendida sobre la mesa, completamente agotada. Efectivamente, me siento mucho mejor.
-De verdad que sí.
Cuando recupero un poco la capacidad de asociar ideas, veo el efecto de mi pequeña tortura. Alma se ha tumbado en el sofá con las piernas abiertas, y mantiene tu cabeza pegada a su coño haciéndole uno de los mejores cunnilingus de su vida (para algo tiene que valer que estés conmigo, ya que no te feminizo…), entre suspiros y jadeos. Tú estás empalmadísimo, aunque realmente no sé si sigue siendo por lo que antes hacía Alma contigo o por mi espectáculo particular. Laura está masturbándose en el sofá con los ojos cerrados y como si en ello le fuera la vida, y Carlos está completamente agotado, sentado en el suelo, con un bulto considerable en los pantalones pero con el brazo demasiado atrofiado como para hacer nada, apoyando su cabeza en mi pierna y la espalda en la mesa…y Leo…¿Dónde está Leo?
-La princesa volvió en sí…-Leo está radiante, con una erección más que visible, sonriente, encantado, y entrando por la puerta de la cocina.- Ten, bebe anda, que seguro que estás seca…
Al acabar de beber, Leo se me acerca y me tiende una mano para levantarme. Me fallan las piernas y hasta me mareo, así que me coge, y me lleva camino de una de las habitaciones.
Alma mantiene tu cara bien pegada, de forma que hasta te cuesta respirar, pero sabes que es porque estás a punto de hacerla acabar, así que, sin asustarte ni apartarte por esa falta de aire, subes el ritmo hasta saborear todos sus jugos mientras oyes como se desmadeja ante ti, como una muñequita rota, la chica que antes era tan durilla.
-Eres un perro maravilloso, ¿Te han enseñado o estoy a lo hacías tú así?
-Lo hacía antes de conocerla, pero no así. A base de ensayo y error, muchas veces me hace estar así, sin manos, hasta que consigo algo. Y con el aguante que tiene, juraré donde haga falta que hasta he tenido agujetas en la lengua…
-Hmmmm bueno, dame dos minutos que ahora vuelvo contigo-te dice mientras se gira en el sofá para acurrucarse. Tú bien enseñado, te acomodas y acercas una mano hasta tocarle la cara, para ver si rehúye tu contacto, o, como yo, lo acepta, y después de algo así, incluso lo necesita. No consigues saber si lo necesita, pero gira su cara hacia tu mano para apretarla contra su hombro y darte un beso.
-Enseguida vuelvo contigo…tu Ama me hizo prometer que lo pasarías bien, que no lo olvidarías…y que iba a cuidar de ti…
-¿Te ríes de mí?
-No Leo joder, no me río de ti, sólo que este día está siendo muy rarito.
-Y no me vas a decir que opinas…
-Pues…nah…
-Oh, vamos, no puedes resistirte mucho tiempo y lo sabes…-Leo vuelve a hundir la cabeza entre mis piernas y…y a mí no me da para más…
-Vale vale vale, tú ganas, sal de ahí de una vez, ¡Vicioso de mierda!
-Eh…-dice Alma- …pues no te creas que le quedaría mal eso en el collar…
Leo nos mira mal a ambas. Una cosa es lo que nos guste y otra que no haya confianza entre nosotros, así que se la dejo pasar…pero Alma alarga la mano a la fusta y le da una sola pasada.
-Igual te conviene recordar un poco dónde estamos…
-Lo siento mi Señora, no lo volveré a hacer.
-Niña, contéstale al pobre que has dicho que ganaba, y yo también me muero de curiosidad.
-Y lo sabías.
-Claro que lo sabía-Alma se ríe, ha preparado esto con intención de volverme loca a mí, acabo de vérselo en la cara…
-¿Puedo opinar algo antes?-No sé en qué momento Carlos se había acercado al sofá, pero ahí estaba. Ahora mismo podía no opinar, en lo que a mí respecta creo que el mundo está confabulando en mi contra y éste viene directo a darme un gancho de izquierda…
-Dinos…
-Hace mucho que no estoy con ella a mis pies…y que no siento esa boquita…ni la hago retorcerse…y nunca he tenido la oportunidad de tutorizar una sesión de un novato…
-Y yo hace mucho que no tengo un esclavo abanicándome en la playa mientras bebo un Martini preocupada únicamente por dónde ir a bailar esa noche…Carlos, no seas malo, serían muchos cambios en un solo día, y además no estoy de humor.
Carlos se acerca, zalamero. Te veo arrodillado en el suelo, con Alma sujetando firmemente tu collar, ambos pendientes de esta conversación. Ya sabes todo lo que tienes que saber de Carlos, siempre supo despertar en mí un poco de locura, y habíamos estado juntos, de muchas formas, muchas veces.
-¿Sabes lo guay que sería que tu perra aprendiera de una tan morbosa como tú? ¿Qué viera como cumples cuando estás conmigo?
Ahora mismo, lo único "guay" que se me ocurre es que le caiga algo en la cabeza…¿No tendré ya bastante como ara encima lidiar con él? Mierda, como sonríe. Y Alma. Ay, joder, joder, los adoro, pero ahora mismo los odio tanto…
Alma tira de tu collar y te lleva a un extremo de la habitación, dejándote atado allí, a una argolla de metal bien escondida tras una cortina.
-¿Cuánto hace que lo estáis planeando? ¿Cuándo lo decidisteis?
-Ssssh…-Carlos me pone un dedo en los labios, ¡¡Diosssss!! ¡Se lo mordía!
Ahora es él quien deja a su niña atada, y Alma se inclina a recoger algo que está en el mueble tras el sofá…
-Mira lo que tengo para ti…
Mi collar. Mierda. El hecho a medida que yo creía en mi casita. Más y más mierda, no quiero ceder, tengo tanto que mantener el control para que a ti no te hagan nada que realmente te moleste, como mantenerlo para no gritar de todo lo que tengo en la cabeza.
-Vamos dejad el jueguecito…
Carlos me levanta del sofá, y mirándome directamente a los ojos, baja los tirantes de mi vestido mientras se acerca a dar lo que yo creo que es un beso en mi cuello. Y me vuelvo a equivocar. Me da un mordisco intenso, muy salvaje, y no cesa hasta que me oye gemir de dolor.
-Ése es uno d los sonidos que quería volver a oír…
Y a partir de ahí, ya está. Me coloca el collar bien pegado, mi collar negro y verde…Alma y él terminan de quitarme la ropa, y acercan hasta poner delante del sofá una mesa pequeña, de las de café, donde me tienden, haciendo caso omiso a mis protestas, y siendo inútil que me retuerza y les amenace. Dejan mis manos atadas a las patas que hay tras mi cabeza, y atan cada una de mis piernas a los lados de la mesa, asi como mis tobillos, dejándome bien en el borde, un acceso cómodo, cómodo; después, Carlos coge mi tanga y enrrollándolo me lo mete en la boca. Veo tu cara de flipe…
Alma toma la palabra:
-Bueno, vamos a jugar a un juego. Aquí la niña está agobiada, y se cree que no lo notamos porque no la conocemos, o porque somos idiotas. Y además está agobiada porque nunca hizo una cesión, tiene miedo de lo que te pase a ti –te señala-, está preocupada porque no lo disfrutes, o lo disfrutes demasiado y se lo pidas más veces, Leo acaba de provocarle un shock…Veamos, es obvio que le hace falta relajarse, y…¿Cómo os quedáis vosotros más relajaditos?
¡Te brillan los ojos, cabrón, te he visto!
-Con permiso…
-Sí dime niño, ¿Cómo podemos ayudar a tu Ama?
-Yo me quedo muy relajado después de un orgasmo…
Alma sonríe, pero ya con cara de mala, de viciosa, y de perversa. ¡Y de mala persona! O así la veo yo ahora mismo vaya…
-Exactamente...-se acerca a vosotros y os desata, dejándoos los collares puestos- Sentaos y disfrutad de la mejor cualidad de esta niña, en lo que a sesiones se refiere. Luego entraréis en juego.
Laura, la niña de Carlos, y tú, os sentáis bastante cortados, ya que no sabéis ni qué hacer ni si hacer algo. Leo va a por unas copas, las acerca a una mesa camilla al lado del sofá, y pide permiso para darme de beber antes de empezar. Al recibirlo, me quita el tanga, coge mi copa, bebe, y con la boca llena viene a besarme y dejar en mi boca mi bebida. Cuando trago, lo miro mal, y antes de poder decirle nada, el vuelve a besarme, sonriendo, y cogiendo entre sus dedos un pezón que empieza a retorcerme hasta que me oye protestar. En ese momento, vuelve a dejarme el tanga en la boca y se separa.
-¿Qué, has disfrutado?- Alma lo mira sonriendo.
-Sólo me he quedado con ganas de empezar, señora…
-Olvídate de lo que eres conmigo Leo. Y del protocolo. Dedícate sólo a ella, y considéralo como mi última orden en las próximas horas.
-Hmmm…-Carlos- ése último gemido era otro de los que echaba hoy en falta…
Escupo el tanga y protesto:
-¿Qué pasa, no tengo nada que decir en esto?
Carlos se me acerca y me pone en la boca una mordaza que ata tras mi cabeza.
-Sólo te lo voy a decir una vez. Como Dom, te comes demasiado la cabeza cuando el niño te importa. Y encima se te han venido más cosas encima. Sabemos cuál es su palabra de seguridad, atenderemos a sus gestos y le dejaremos hablar. Así que olvídalo de una vez, y deja que juguemos contigo. Sabes que cuando te sientes una zorra sólo estás entregada al placer, que nada más te preocupa. Relájate, princesa, que vas a volver a ser puta…y no, no tienes nada más que decir. Y Alma, te dije que con el tanga no llegaba, que ésta cuando esta peleona no sabe dónde está el límite.
Nada más decirlo, Carlos alarga la mano hacia la fusta y empieza a recorrer mi vientre. Pero no le pienso dar la satisfacción de oírme más, ni de abandonarme. Ni quiero, ni puedo. Y según lo pienso, mi carita de libro abierto me debe de volver a traicionar.
-Puedes resistirte lo que quieras, cariño-me dice Alma pasando el dorso de los dedos por mi cara-somos 5 contra 1…
Carlos, mientras, había seguido dibujando mi cuerpo con la fusta, y acercándose a mi coño, la desplazó entre los labios, acariciando suavemente, hasta de golpe, metérmela con fuerza. Mordiendo la mordaza, apenas me tensé y por supuesto no se oyó nada más.
-No esperaba menos, puta y peleona. Como siempre.
Saca la fusta y después de pasarla por mi piel, marca unas cuantas cruces de lado a lado de mi vientre tan rápido que apenas se veía la fusta…se ven rojas sobre mi piel blanca, y escuecen horrores…pero sigo prácticamente estática. Te veo con los ojos como platos. Y recuerdo que a ti ya te dolía cualquier cosa algo menos intensa si no era con la mano. Sorpresa…ahora tengo aún más razones para no emitir sonido alguno, que veas lo que se disfruta al no dar el gusto de gimotear. Aunque puede que acabes viendo también el placer de conseguir arrancar sonidos a una cabezota.
-Lo mejor de esta zorra-Carlos parecía estar dando una puta clase- es que por orgullo o por vergüenza puede aguantar cosas así bastante bien. La cosa es saber cambiarle el chip… -mientras decía eso, se inclinó hacia mí, empezando a masturbarme de forma suave, casi imperceptible, y mirando mi reacción-y…ya está mojadita…atentos.
Empieza a hacer círculos sobre mi clítoris con tres dedos, de una forma agresiva, bestial, y al poco me tiene retorciéndome en la mesa, intentando cerrar las piernas. Se agacha a pasarme la lengua mientras empieza a taladrarme con fuerza con dos dedos, con total conciencia de que no soy de cristal y no va a romperme por ser tan salvaje, y entonces veo a Leo junto a mi cara.
-Ostras tenías razón, cómo le brillan los ojos, parece que está a punto de llorar…
-Tú –te llama Carlos- ven aquí a ver cómo usas esa lengua en tu Ama…
Sabes que el oral es mi pasión y mi prioridad, que me abandono fácilmente, que le doy importancia…y has aprendido a hacerlo de forma que a veces tengo que pararte para no derretirme allí mismo. Te acercas, sumiso, pero veo tu sonrisa, y solo alcanzo a fulminarte con la mirada, hoy será lo que sea pero puedo querer vengarme, recuérdalo…
Colocado entre mis piernas, me das un tiempo para respirar tras lo que me ha hecho Carlos. Puede parecer bondadoso, pero sé que realmente lo que haces es esperar a que me calme para que el mérito de lo que pase sea más tuyo que de nadie…y empiezas a lamer, morder y chupar de forma deliciosa y, en esos momento para mí, cruel. Alma aprovecha para recordarte que viniste a hacer allí, y te azota con el culo bien expuesto para ella, impidiéndote usar nada que no sea la boca en mí.
-Cuanto mejor lo hagas, menos durará esto…-ni que te hicieran falta alicientes…aumentas el ritmo pegándote más, de forma que tu aliento me llena y te devuelve mi olor…y se me escapa un quejido.
-Ahí estamos…vuelve al sofá-Carlos retoma su posición masturbándome con fiereza mientras va mordiéndome cerca de vez en cuando, o pasándome la lengua con ternura, sin bajar el ritmo en ningún momento.
Arqueo la espalda, soy consciente de mis límites y se acercan peligrosamente, me muevo lo que me dejan las cuerdas, aprieto bien la mordaza, cierro los ojos…y de repente Leo me levanta la cabeza para sacarme la mordaza, de forma que dejo escapar un jadeo más que evidente, lo cual parece motivar a ambos, de forma que Carlos aumenta el ritmo y Leo se inclina a besarme, lamer mi cuello, mi pecho, morderme…ni dos minutos pasan hasta que se me escapa el primer gemido, recibido con una celebración, ya que a partir del primero ya no hay vuelta atrás. He dejado de resistirme, y empiezo a gemir y jadear mientras suplico que se detengan, prometiendo lo que haga falta y sin estar del todo segura de qué digo ni qué oigo. Pero no se detienen, y me muevo de forma que la mesa, y mi integridad, peligran…
-Pide permiso antes de correrte, zorra.
-Aaaaaaah poooooooorrrffff favoooooor déééjame…
-¿Qué te deje, qué?
-Co…cooorrerme…
-¿Qué más?
-Eeeeeeh…?!!
-Que si te parece forma de hablarme, puta.
-¡¡Ohhh joder!!
-Recibo una bofetada, no sé de quién.
-Vamos…
-Looo sss, sssiientoo seeñoress, leeees pido, aaaaah….les, leees pido que me, que me dejen correrme…
-¿Por?
-Poooorque, porque looo necesiito, estoy llegando aaaaaa mi limite y si no aaaah, acabaré ha, haciéééndolo sin peerrmiso…
-¿Serías tan zorra de correrte sin permiso? ¿¿¿Tan caliente andas???
-Sííííí mi señor, caaaalentísima y agradecida, y más que lo estaré siiiii me lo permiten…
-Muuucho mejor…córrete si quieres anda…
Pero eso no cambia nada, aunque me corro, ni Leo ha dejado de besarme y jugar conmigo, ni Carlos de masturbarme, y no puedo dejar de gemir, gimotear, suplicar…ya apenas hablo, sólo me muero una vez tras otra, hasta que acabo gritando mientras dos lágrimas me resbalan por la cara…
-Alucinante.
No sé cuando han parado de torturarme. Ni cuánto tiempo necesité para volver del limbo. Pero abro los ojos y estoy desatada, tendida sobre la mesa, completamente agotada. Efectivamente, me siento mucho mejor.
-De verdad que sí.
Cuando recupero un poco la capacidad de asociar ideas, veo el efecto de mi pequeña tortura. Alma se ha tumbado en el sofá con las piernas abiertas, y mantiene tu cabeza pegada a su coño haciéndole uno de los mejores cunnilingus de su vida (para algo tiene que valer que estés conmigo, ya que no te feminizo…), entre suspiros y jadeos. Tú estás empalmadísimo, aunque realmente no sé si sigue siendo por lo que antes hacía Alma contigo o por mi espectáculo particular. Laura está masturbándose en el sofá con los ojos cerrados y como si en ello le fuera la vida, y Carlos está completamente agotado, sentado en el suelo, con un bulto considerable en los pantalones pero con el brazo demasiado atrofiado como para hacer nada, apoyando su cabeza en mi pierna y la espalda en la mesa…y Leo…¿Dónde está Leo?
-La princesa volvió en sí…-Leo está radiante, con una erección más que visible, sonriente, encantado, y entrando por la puerta de la cocina.- Ten, bebe anda, que seguro que estás seca…
Al acabar de beber, Leo se me acerca y me tiende una mano para levantarme. Me fallan las piernas y hasta me mareo, así que me coge, y me lleva camino de una de las habitaciones.
Alma mantiene tu cara bien pegada, de forma que hasta te cuesta respirar, pero sabes que es porque estás a punto de hacerla acabar, así que, sin asustarte ni apartarte por esa falta de aire, subes el ritmo hasta saborear todos sus jugos mientras oyes como se desmadeja ante ti, como una muñequita rota, la chica que antes era tan durilla.
-Eres un perro maravilloso, ¿Te han enseñado o estoy a lo hacías tú así?
-Lo hacía antes de conocerla, pero no así. A base de ensayo y error, muchas veces me hace estar así, sin manos, hasta que consigo algo. Y con el aguante que tiene, juraré donde haga falta que hasta he tenido agujetas en la lengua…
-Hmmmm bueno, dame dos minutos que ahora vuelvo contigo-te dice mientras se gira en el sofá para acurrucarse. Tú bien enseñado, te acomodas y acercas una mano hasta tocarle la cara, para ver si rehúye tu contacto, o, como yo, lo acepta, y después de algo así, incluso lo necesita. No consigues saber si lo necesita, pero gira su cara hacia tu mano para apretarla contra su hombro y darte un beso.
-Enseguida vuelvo contigo…tu Ama me hizo prometer que lo pasarías bien, que no lo olvidarías…y que iba a cuidar de ti…
¿Secretos?
¿Qué cosas damos por sentadas y no son ciertas?
-El del BDSM es un mundo oculto, un tanto romántico, tabú, peligroso. ¿Seguro?
No tiene por qué ser peligroso en ningún momento. A menos que consideres peligroso el hecho de que quien no quieres que lo sepa, lo descubra. Pero, ¿Por qué no quieres que lo sepa?
He encontrado ya algunos amigos, y conocidos, que en vez de escandalizarse, me preguntan. Que incluso se deciden a probar porque yo se lo describo como lo vivo: algo perfecto. Estoy feliz porque una pareja andaluza, con la que yo tengo amistad a través del chico, ha empezado a hacer algún pinito, y me preguntan, y me cuentan, y lo disfrutan, y están súper unidos, y súper contentos (súper,súper, ains). Y me encanta la ventaja indiscutible de la chica: no se cela de mí, no pensó que yo fuera una zorra que le quisiera quitar a su chico hablándole de perversiones en ningún momento. (Un besazo para ambos :D)
Desde luego para mí tiene las características del amor romántico de Bécquer. Quizás no sea trágico, o no correspondido, pero es dependiente, apasionado, casi enfermo, idealista. Negro y rojo. Perfecto.
Ojalá no estuviéramos obligados a andar por las sombras. Aunque seguramente parte del morbo también sea ese. La doble vida que muchos llevamos :).
- El Dom domina, el sum se somete, y el switch es un comodín.
Y yo un comodín, ¡¿Por qué?!
Ya no me meto en que hay quien a veces prueba a cambiar su rol aunque sea, teóricamente, sólo una cosa. Pero eso de que un switch pueda cambiar el chip fácilmente, venga...
Nadie, por mucho cuentos que cuenten, es 100% switch (es decir, 50% Dom, 50% sum). Aunque sea una proporción 49%-51%, siempre va a haber un lado que nos pueda. Y quizás con algunas personas, ni siquiera seamos capaces de cambiar. Puede que porque nos encante pensar en tenerlo a Nuestros pies. O porque deseamos estar a los Suyos. Y no hay opción, no sale, no se puede.
No nos forcéis, somos los más libres y los que más miedo tenemos a que nos aten a uno u otro lado si no queremos :)
-El del BDSM es un mundo oculto, un tanto romántico, tabú, peligroso. ¿Seguro?
No tiene por qué ser peligroso en ningún momento. A menos que consideres peligroso el hecho de que quien no quieres que lo sepa, lo descubra. Pero, ¿Por qué no quieres que lo sepa?
He encontrado ya algunos amigos, y conocidos, que en vez de escandalizarse, me preguntan. Que incluso se deciden a probar porque yo se lo describo como lo vivo: algo perfecto. Estoy feliz porque una pareja andaluza, con la que yo tengo amistad a través del chico, ha empezado a hacer algún pinito, y me preguntan, y me cuentan, y lo disfrutan, y están súper unidos, y súper contentos (súper,súper, ains). Y me encanta la ventaja indiscutible de la chica: no se cela de mí, no pensó que yo fuera una zorra que le quisiera quitar a su chico hablándole de perversiones en ningún momento. (Un besazo para ambos :D)
Desde luego para mí tiene las características del amor romántico de Bécquer. Quizás no sea trágico, o no correspondido, pero es dependiente, apasionado, casi enfermo, idealista. Negro y rojo. Perfecto.
Ojalá no estuviéramos obligados a andar por las sombras. Aunque seguramente parte del morbo también sea ese. La doble vida que muchos llevamos :).
- El Dom domina, el sum se somete, y el switch es un comodín.
Y yo un comodín, ¡¿Por qué?!
Ya no me meto en que hay quien a veces prueba a cambiar su rol aunque sea, teóricamente, sólo una cosa. Pero eso de que un switch pueda cambiar el chip fácilmente, venga...
Nadie, por mucho cuentos que cuenten, es 100% switch (es decir, 50% Dom, 50% sum). Aunque sea una proporción 49%-51%, siempre va a haber un lado que nos pueda. Y quizás con algunas personas, ni siquiera seamos capaces de cambiar. Puede que porque nos encante pensar en tenerlo a Nuestros pies. O porque deseamos estar a los Suyos. Y no hay opción, no sale, no se puede.
No nos forcéis, somos los más libres y los que más miedo tenemos a que nos aten a uno u otro lado si no queremos :)
domingo, 21 de noviembre de 2010
Entregada (Primer intento de poesía)
No vale ser muy crueles..;)
Búscame en tus ojos que allí estoy perdida,
cambia mis cadenas de miedo por acero

solo tu aliento me trae la vida
a donde no hay explicación, sólo momentos…
Te entrego mi piel para que la pintes
de fuego, de cuero, de beso o de miel.
Te doy mis labios para que los hagas
besar como una mujer.
No existe orgullo ante tu sonrisa,
ni jactancia ante aprobación.
Sólo el placer de ser sumisa
y musa de tu devoción.
Y , ¿Qué más da quién opine
si mi deseo es amor,
si daña que me dominen,
o si es sana mi pasión?
No existe lo que yo era,
sólo existe lo que soy
una diosa para el mundo
y una sierva de tu amor.
En tus brazos poderosa,
y a tus pies, soy de cristal.
Sólo busco poder darte
lo que llegues a soñar.
Y si en sueños te parece
que dejaré nuestro juego
hazme beber de tus labios
un dulce trance de fuego.
Me entrego al único Amo
al que he de obedecer,
siendo fiel al hedonismo,
soy esclava del Placer.
Búscame en tus ojos que allí estoy perdida,
cambia mis cadenas de miedo por acero

solo tu aliento me trae la vida
a donde no hay explicación, sólo momentos…
Te entrego mi piel para que la pintes
de fuego, de cuero, de beso o de miel.
Te doy mis labios para que los hagas
besar como una mujer.
No existe orgullo ante tu sonrisa,
ni jactancia ante aprobación.
Sólo el placer de ser sumisa
y musa de tu devoción.
Y , ¿Qué más da quién opine
si mi deseo es amor,
si daña que me dominen,
o si es sana mi pasión?
No existe lo que yo era,
sólo existe lo que soy
una diosa para el mundo
y una sierva de tu amor.
En tus brazos poderosa,
y a tus pies, soy de cristal.
Sólo busco poder darte
lo que llegues a soñar.
Y si en sueños te parece
que dejaré nuestro juego
hazme beber de tus labios
un dulce trance de fuego.
Me entrego al único Amo
al que he de obedecer,
siendo fiel al hedonismo,
soy esclava del Placer.
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